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PORTUGAL (Año 1.415 / 1.640)

 

 

A comienzos del siglo XV, el rey D. Juan I comienza a realizar la expansión de Portugal más allá de los mares. Ceuta en aquella época era una ciudad rica y próspera; principal puerto del Estrecho durante siglos y relativamente cercana a las costas portuguesas.

La conquista de Ceuta fue una empresa meditada, largamente preparada y llevada a cabo con extremo sigilo. Años atrás se había nombrado obispo de Marruecos a un confesor de la reina de Portugal: Fray Amaro de Aurillac, y de Cartago a Sebastián de Meneses. Varios años fueron necesarios para formar la armada que sólo unos días antes de zarpar conoció su destino.

El 21 de Agosto de 1.415 se consumó la conquista. El ejército encabezado por el rey D. Juan I de Portugal y del que formaban parte los infantes Enrique, Duarte y Pedro, el Conde de Barcelos y el mítico condestable Nuño Alvares Pereira (consejero real desde la batalla de Aljubarrota contra los castellanos en 1.385) tomaron Ceuta en una única jornada poniendo en fuga a todos sus habitantes.

Tras la batalla vinieron los fastos. Se purificó la mezquita Aljama, en la Plaza de África donde actualmente se levanta la Catedral. En ella se celebró la primera misa, en la que se nombró caballeros a los infantes y a otros miembros destacados de la expedición. Después se produjo el saqueo, el reparto de botín y la preparación del retorno al reino de Portugal. Frente a lo que muchos consejeros reales defendieron, D. Juan I decidió no abandonar la plaza y se dispuso a designar un gobernador para ella, nombrándose a D. Pedro de Meneses, nieto de castellanos, emigrados a Portugal cien años antes. Su padre se había opuesto vivamente al ascenso al trono de D. Juan I, por lo que fue desterrado. Con la participación en la conquista y su ofrecimiento para el cargo, el conde confirmaba su rehabilitación a los ojos del monarca.

La tradición dice que se presentó ante el rey portando un bastón, con el que estaba jugando a la choca, diciéndole: "Con este palo me basto para defender Ceuta de todos sus enemigos". Se trataba del aleo, símbolo del gobierno de la ciudad hasta nuestros días y que sostiene en sus manos la Virgen de África, patrona de Ceuta, desde fecha inmemorial.

Cuando el 2 de septiembre de 1.415 partió la flota hacia Lisboa, permanecieron en Ceuta un puñado de hombres, germen de su guarnición y población futura. Quedaron también buena parte de sus estrañables símbolos: El Pendón Real, la bandera de San Vicente, el escudo, la imagen de Santa María la Coronada (hoy llamada Nuestra señora del Valle) y el aleo. Un año más tarde el infante D. Enrique sería designado Maestre de la Orden de Cristo  para socorro y protección.

Como en la época medieval, Don Juan I y sus sucesores se preciaron de utilizar entre sus títulos el de señor de Ceuta, como puede leerse en la numismática de la época y, como piedra preciosa de su Corona, cuidaron de dotarla de cuanto necesitaba en lo material y en lo espiritual.

No obstante, la vida en Ceuta no era fácil. Se producían numerosas escaramuzas y asedios que crean una constante preocupación por su fortificación. La producción local de productos de primera necesidad es insuficiente, por lo que la ciudad dependerá del abastecimiento procedente de la Península, complementado con las razzias, la imposición de tributos a los vecinos y las actividades corsarias.

La sociedad ceutí estaba formada en su vértice por el Gobernador, cargo ligado a la familia de los Meneses y más tarde a la de los Noronha, sus herederos, existiendo una Cámara con carácter de consejo consultivo. La mayor parte de la población estaba compuesta por la guarnición militar. Junto a ella existía un grupo de artesanos, religiosos y mercaderes para atender las necesidades de la ciudad. También existía un grupo de confinados y desterrados, cuyas condenas se permitían redimir en el servicio de las armas. Durante este siglo la población ceutí ascendía a unas 2.500 personas.

En 1.418 y 1.419 se producen los primeros ataques importantes de nastríes y mariníes que se consiguen repeler gracias a la ayuda prestada por el Infante D. Enrique. En 1.421 se designa a Fray Amaro de Aurillac como obispo, y se fundan los conventos de los franciscanos y los dominicos.

El gobierno de D. Pedro de Meneses se prolongó hasta su fallecimiento en 1.437 y durante tan prolongado mando se estructuró la ciudad medieval cristiana. Fueron nietos suyos Santa Beatriz de Silva y su hermano el beato Amadeo de Portugal.

En 1.437 se inicia una expedición contra Tánger en la que viajan los infantes D. Enrique y D. Fernando. El fracaso de la misma obligó a dejar a éste último como rehén en un cautiverio perpetuo que lo llevaría a la muerte años después. Según la leyenda, el infante murió con la voluntad de no dejar que Ceuta volviera al Islam a cambio de su vida.

Después de tan amarga experiencia, los nuevos impulsos expansionistas lusitanos se harán esperar hasta la mayoría de edad de Alfonso V, nieto de Duarte I, quien conquistaría Alcazar Seguer en 1.458, Arcila y Tánger en 1.471.

En 1.472 se reorganizaron las fuerzas militares con la creación de Regimientos para las cuatro plazas africanas. D. Manuel I crea un decreto para la fortificación de Ceuta, mandando reducir la población al espacio comprendido entre el Foso Real y la Almina, por lo que el convento de los dominicos es trasladado intramuros.

A mediados de siglo gobernaban la ciudad los Noronha. Reinando D. Juan III quedaba frecuentemente como gobernadora y al mando de la guarnición militar María Eçea, esposa de D. Alfonso de Noronha; siendo su valía reconocida por el propio rey.

En 1.511 los obispos de Ceuta residían en la Villa de Olivenza (Actualmente provincia de Badajoz), donde se habían construido su palacio. Fray Francisco Cuaresma, obispo de Ceuta y Tánger fue el primer obispo que residió en Ceuta (año 1.570), creando dos años más tarde los primeros Estatutos de la Catedral que se conocen. Las órdenes de los franciscanos y dominicos fueron sustituidas por los trinitarios calzados, con el fin de asumir la función de redentores de cautivos.

En 1.578, el rey D. Sebastián I muere en Alcazar-quivir, además del monarca marroquí y el pretendiente al trono del mismo. El anciano cardenal D. Enrique se hace cargo del reino hasta su muerte dos años después. Al trono de Portugal optan Felipe II de España y don Antonio Prio de Crato; produciéndose una campaña de ocupación con escasa resistencia y la unificación de los reinos de Castilla y Portugal.

Tras hacerse con la corona portuguesa, el ya rey D. Felipe I de Portugal dicta órdenes al duque de Medina Sidonia para tomar juramento de fidelidad a los habitantes de Ceuta. En su nombre se desplazará a la ciudad el corregidor de Gibraltar D. Antonio Felices D´Ureta quien, mandará tremolar un nuevo pendón real con las armas de Portugal y del Imperio Español, que hoy se conserva en el Palacio Municipal y que recibe honores de Capitán General.

En 1.640 los portugueses se sublevaron con otras regiones peninsulares, proclamando con rey al duque de Braganza. A pesar de la indecisión del gobernador de Ceuta, D. Francisco de Almeida, los ceutíes se mantuvieron fieles al rey Felipe IV de Castilla. Tanger fu entregada a Inglaterra, apropiándose más tarde de Gibraltar.

 

 

 

 

 

 

 

 

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